jueves, 19 de mayo de 2016

RECORDAR ES VOLVER A VIVIR.- Autor: Augusto Llosa Giraldo


RECORDAR ES VOLVER A VIVIR

Para Eleazar Moreno Busto, con el compañerismo
mas grande del mundo...


El recuerdo más remoto que guardo de mi amigo Eleazar, fue antes del Terremoto del 31 de mayo de 1970, en Barrio Nuevo, de nuestra ciudad natal: Casma. Vivíamos  nuestra pubertad, y el día a día entre los estudios y los juegos característicos de los  adolescentes prestos a convertirse muy  pronto en mayores, yo era muy amigo de su hermana mayor: Consuelo. Conocí a sus padres en vida antes de su partida a la eternidad.

Cuando pasó el terremoto nos unió más la amistad, no solo porque llegamos a vivir más cerca sino  porque la vida se nos hacía más fácil por decir lo menos. Nosotros vivíamos en un pasaje cerca al Cerro La Virgen y ellos en lo que es actualmente la Calle Reyna y  cada vez que yo traía los baldes de comida de la casa de mis tíos para los “chanchos” que criábamos en casa, pasaba por la puerta de su casa  y así nos fuimos haciendo más amigos hasta que nos separamos por esos avatares de la vida para luego reencontrarnos ya mayores de edad.

Nos volvimos a reencontrar en el barrio en los años 90, no recuerdo en qué circunstancias pero lo que nos motivó a juntarnos fue la pasión por la política que nos  unió y comenzamos juntos a militar en una organización política de izquierda  ya desaparecida, que nos llevó a volver a vivir una nueva experiencia con la pasión que se le da a las cosas que uno quiere, que uno ama,  y con la  intensión de pretender cambiar las viejas  “estructuras políticas del Estado” ya bastante corroídas por la corrupción y el pillaje que en ese entonces eran muy evidentes en los gobiernos de turno que se sucedían en el poder.

Lo que paso después es que Eleazar se enfermó, y yo me fui a vivir a otra ciudad, nos distanciamos varios años hasta que volvimos a reencontrarnos ya en otro contexto político que vivía el país. Se casó el en el Puerto Casma, fui su testigo de  matrimonio con Susana, que muy bien guardo en mis recuerdos cuando ante el alcalde que los casaba se dieron el sí de por vida, la fiesta en familia que pasamos en un conocido recreo campestre de la ciudad. Nos volvimos a reencontrar años después cuando el regresó de Suiza después de varios años de ausencia, conversamos de varios de nuestros proyectos literarios comunes que hoy se hace una realidad con la publicación de su Libro: “La calle en el Mar”...




Espero que estas líneas sirvan de aliento para continuar en la brega diaria de la literatura que nos apasiona, pero sobre todo para darles vida a los “demonios” que conviven con nosotros y salgan a la luz para deleitar a nuestros lectores.



Augusto Llosa Giraldo



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